
Aristóteles dijo una vez:
“La felicidad es el significado y el propósito de la vida, el objetivo absoluto y el fin de la existencia humana”.
Desafortunadamente, muchas personas no son felices. Según datos del INEGI cerca del
50% de todos los hombres y las mujeres en nuestro país no se califican como felices.
Adicionalmente, y según el Informe Mundial sobre Felicidad, México ha
descendido en el último año del lugar 14 al 21 de entre los 156 países
considerados. Hoy día, por ejemplo, hay 600% más personas deprimidas de
lo que había en los años 60, y la edad promedio del primer episodio de
depresión ha bajado de 29.5 a 14.5 años de edad.
Esta
epidemia de infelicidad probablemente tiene mucho que ver con
los tiempos tan complejos en los que vivimos.
Actualmente estamos expuestos a presiones y expectativas que
simplemente no existían cuando nuestros padres estaban en la flor de la
vida. Hoy, a diferencia de ayer, no es suficiente para muchos ejercer
una labor con orgullo y empeño, tener relaciones personales y familiares
saludables, y buscar cada día ser una buena persona. Las exigencias
culturalmente aceptadas y autoimpuestas demandan que seamos más guapos,
inteligentes, ricos, carismáticos (ponle el adjetivo que quieras) para
ser felices.
Negativismo vs. positivismo
Esta crisis de infelicidad seguramente tiene también que ver con el
escepticismo tan grande que prevalece en nuestra sociedad acerca de la
felicidad personal y el positivismo en general. No es extraño ser
catalogado de poco realista y hasta ingenuo si uno se enfoca en lo
positivo, en lugar de en lo negativo, en ser feliz, en lugar de
quejarse. En cualquier ámbito, ya sea político, económico, profesional o
personal, uno es tachado de ignorante si se atreve a hablar de aquello
que sí va bien y de ver las cosas desde un enfoque apreciativo. Y no es
que uno sea tonto y no se de cuenta de la magnitud de los problemas y
dificultades que existen, pero
¿será que enfocarse en lo negativo es el acceso a resolverlo y obtener lo que queremos?
Yo pienso que no, puesto que si fuese así entonces los problemas que
nos acosan estarían disminuyendo y muchas más personas serían felices.
Tengo que aceptar que yo mismo caí en esta trampa
autodenominada negativismo realista.
Durante gran parte de mi vida pensé que el acceso a lograr mis metas de
vida era ser implacable, conmigo y con los demás. Por ende, durante
muchos años fui extremadamente crítico, puesto que pensaba que ello me
llevaría a lograr
el éxito y, por ende, la felicidad. No fue así.
La propuesta alterna, la cual descubrí después de varios traspiés, y
hoy validada ampliamente por múltiples ciencias y disciplinas
serias,
tales como la ciencia de la felicidad, la psicología positiva, la
indagación apreciativa, el desarrollo organizacional positivo y hasta la
neurología, es que nuestra actitud, enfoque, pensamientos,
conversaciones e interacciones construyen la realidad que vivimos y que
aquello que percibimos, bueno o malo, está íntimamente ligado con
nosotros. Así las cosas, y dicho simplemente, un enfoque en lo negativo,
genera negatividad;
un enfoque en lo positivo, genera positividad.
A continuación, enlistamos siete principios para ser feliz.
1. Entre estímulo y respuesta
Viktor Frankl, el famoso neurólogo y psiquiatra austriaco creador de
la logoterapia, quien sobrevivió tratos inhumanos a manos de los Nazis
en campos de concentración, nos dice:
“Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En este espacio se encuentra nuestro poder de elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta están nuestro crecimiento y nuestra libertad”.
Frankl nos recuerda que en cualquier situación siempre tenemos la
posibilidad de elegir nuestra respuesta. La situación puede no
gustarnos, pero tenemos el poder de no permitir que ello nos desmoralice
o, peor aún, nos acabe, y de elegir una respuesta que nos haga crecer,
ser libres y felices.
2. Tus palabras son tu destino
Las conversaciones que tenemos, con los demás y con nosotros mismos,
tienen un impacto inmenso, tanto así que hoy día la ciencia puede
detectar cambios neuronales y en la materia a partir de las palabras que
emitimos.
Para ser feliz es necesario detectar todas esas conversaciones negativas que tenemos y pararlas, sustituyéndolas por conversaciones que promuevan nuestra felicidad en lugar de nuestra miseria.
3. Actúa como si ya fueras feliz
El cerebro humano no distingue la diferencia entre una circunstancia real o ficticia.
Es por ello, por ejemplo, que podemos preocuparnos inmensamente, al
punto de enfermarnos, ante el miedo de hacer el ridículo o de quedarnos
pobres, solos o desamparados, aunque ello solo sea una posibilidad muy
poco probable. Utiliza esta característica del cerebro para tu bien,
actuando como si ya fueras feliz. Sonreír, reír, respirar, alzar la
cabeza, adoptar una postura erguida, hacer ejercicio, salir con amigos,
cantar, bailar y tomar acción son todas cosas que podemos hacer para
desencadenar una serie de procesos neurológicos y psicológicos que nos
harán sentir bien, independientemente de las supuestas circunstancias.
4. Agradece lo que tienes y se generoso con los demás
Dicen que una persona rica no es aquella que tiene más, sino aquella
que está satisfecha con lo que tiene y lo comparte con otros. Para ser
feliz, dejemos de enlistar todo aquello que no tenemos y queremos y
aferrarnos a lo poco que sí poseemos. Intenta todos los días el
ejercicio de
despertarte y dormirte enlistando todas las cosas por las cuales estás agradecido, y haz uno o varios
actos de generosidad al día. Quizá te suene tonto, pero te prometo que si lo haces te sentirás más feliz.
5. El animal social
El ser humano, ya sea extrovertido o introvertido, es por naturaleza
un animal social. Cuando estamos enojados, tristes o deprimidos, muchas
veces cometemos el error de aislarnos. La ciencia de la psicología
positiva ha demostrado que
el contacto humano conduce a sentimientos de felicidad y satisfacción. Cuando te sientas cabizbajo, resiste la tentación a estar solo y acércate a otras personas.
6. Dime con quién te juntas y te diré quién eres
Ahora, no recurras a cualquier persona. Tu círculo social tiene un
inmenso impacto sobre ti, por lo que querrás ser cuidadoso de acercarte y
juntarte con personas que por su forma de ser te motiven en lugar de
que te depriman.
Estar con alguien que concuerda contigo lo mal
que están las cosas puede darte un cierto alivio temporal, pero a la
larga cimenta tu perspectiva negativa.
7. El éxito no causa felicidad
En esta columna y con consejos como agradece lo que tienes, no
pretendo recomendar que dejemos de buscar obtener los éxitos que
deseamos, sino que cuestionemos la manera en la que lo hacemos o el
orden de los factores. Pensamos erróneamente que el éxito causa
felicidad; que si solo obtenemos el trabajo deseado, el aumento de
salario, el coche que tanto anhelamos o la atención de aquella persona
que nos gusta, entonces seremos felices. Uno de los hallazgos más
sorprendentes de la ciencia de la felicidad es que ello funciona al
revés:
éxito no causa felicidad; es la felicidad la que causa el éxito.
Me gustaría finalizar esta columna como la inicié, con una cita de
Aristóteles, uno de los grandes filósofos de toda la historia y un
pionero de la ciencia de la felicidad, quién nos dice sabiamente:
“La felicidad depende de nosotros mismos”.
La felicidad, entonces, no es un destino al que llegamos en el viaje de
la vida, sino el método de transporte que elegimos, o no, utilizar.