miércoles, 11 de mayo de 2016

CINCO ACCIONES PARA GANAR TIEMPO SIN PERDER NI UN MINUTO




Conseguir que sesenta minutos sean más productivos que dos horas es posible. Organizar tus tareas y diseñar ‘colchones’ de tiempo para imprevistos reducirá tu estrés y te hará más eficaz.
“La vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes”. Esta frase, que se atribuye a John Lennon, define buena parte del tiempo que vas a emplear en leer este artículo con una diferencia sustancial: aquí no se trata de hacer planes, sino de aplicarlos para que la vida, el tiempo, además de suceder tenga sentido. Gustavo Piera, presidente de CRM, ha puesto en práctica esta filosofía y la desmenuza en El arte de gestionar el tiempo (Ed. Alienta). “Lo que hace diferente a una persona de otra no es el tiempo, sino cuánto tiempo utiliza y cómo”, dice. La afirmación, que parece sencilla, está llena de contenido e invita a más de una reflexión. Porque, en este caso, no se habla de los ladrones del tiempo, sino de cómo aniquilarlos. “El tiempo no existe, es una medida de tu vida. Siempre tratamos de buscar la varita mágica pero no existe. Cada persona tiene una vida diferente y debe construirla y no hacer lo que se va encontrando por el camino”, afirma este navegante transoceánico.

DETENTE

Aunque resulte paradójico, lo primero que tienes que hacer para no perder ni un minuto más es parar. Piera comenta que “eso de ‘levántate y anda’ no vale para hacer bien las cosas. Es necesario parar, pensar, analizar, decidir y empezar y andar. Si se hacen las cosas de forma precipitada se trabaja más y se va en sentido contrario. Hay que tener muy claro cuál es el objetivo y encontrar los medios para alcanzarlo”.

QUIERO, NO TENGO

Diferenciar entre el ‘quiero’ o ‘tengo’ que hacer, es otro de los trucos para marcar tu norte y no desperdiciar esfuerzos. Juan Antonio Fernández, socio de 3weeksconsulting, recuerda que “aquellas actividades que tenemos que hacer nos producen obligación, y en función de lo que perdamos si no lo efectuamos, decidiremos hacerlo o no. En cambio aquello que queremos hacer, provoca acción, movimiento y emoción de satisfacción por conseguirlo”. Piera también apuesta por esta pasión para disfrutar de lo que hacemos y da las pistas: “Conviene tener una reunión con uno mismo y construir la vida que uno quiere vivir. Como en la navegación, hay corrientes que te desvían del rumbo establecido. No tiene por qué suceder nada si esos pequeños giros no te alejan definitivamente del destino que te has marcado”. Añade que “la gente que se deja llevar no tiene ni el coraje, ni la humildad para darse cuenta de que la vida es suya y que hace falta cierta disciplina para conseguir lo que se quiere”.

TUS INTENCIONES

La mayoría de las veces que dices que lo vas a intentar, quiere decir que lo dejas para mañana. Ian Cooper afirma en su libro, Dueño del tiempo (Ed. Empresa Activa), que si se dejan para mañana las cosas que se pueden hacer hoy -el 20% de las personas padece esta enfermedad crónica-, se demora pagar facturas, incluso si se tiene dinero, se pierde la oportunidad de comprar cosas cuando se puede hacer un buen negocio. Imagina lo que sucederá si pospones algo que te serviría para avanzar más rápido. Según Piera, “cambiar intenciones por acciones” es la clave.

¿URGENTE?

Distinguir entre lo urgente y lo importante también es parte de este juego para no perder ni un minuto. Clasificar las tareas de esta manera y especificar el tiempo aproximado para su realización “facilitará tu planificación, organización y plan de acción. A aquellas tareas no importantes, deberíamos dedicarles el mínimo tiempo posible ya que no están ligadas a nuestros objetivos, a nuestros quieros”, señala Fernández, para quien planificar la semana y revisar los avances “hace que nos sintamos de una u otra manera. Y, cuando lo consigas, date un capricho. Si no es así, analiza las causas para evitarlas más adelante”.

DECIR ‘NO’

¿Sabes decir ‘no’? A menudo resulta inevitable caer en la tentación de echar una mano a un compañero, o dejar de lado lo importante por hacer algo que es totalmente accesorio pero requiere menos esfuerzo. Fernández afirma que “decir ‘no’ desde la asertividad, empatía y diplomacia es uno de los factores que más nos podría ayudar para gestionar nuestro tiempo de una manera más eficiente. Unido al pragmatismo, ser concretos e ir al grano. Muchas veces dedicamos mucho tiempo en el perfeccionismo, las distracciones, el detalle o el micromanagement. Éstos temas hacen que podamos desviarnos de nuestros objetivos”.

viernes, 6 de mayo de 2016

¿DE VERDAD EXISTE LA MEJOR EMPRESA PARA TRABAJAR?



 

Los ránking y certificados de empleador son una buena carta de presentación para las compañías, pero carecen de validez sin los mejores embajadores: sus empleados. Las organizaciones que participan en estas clasificaciones están interesadas en ser un lugar atractivo para trabajar, pero esa intención tiene que estar alineada con sus políticas y el compromiso de sus profesionales.

¿Te imaginas una web en la que pudieras valorar tu salario y tu empresa de forma anónima? No sólo podrías dar rienda suelta a tus críticas, sino que además accederías a las opiniones de otros empleados, lo que te permitiría saber cómo funcionan las cosas en otras compañías. Desde 2007 eso es posible en Estados Unidos a través de Glassdoor, una plataforma que ya ha llegado a Australia, Canadá, Francia, India y Alemania. Las organizaciones también ocupan un lugar en este portal. Por esta razón, tanto empleados como empleadores coinciden en considerar esta herramienta como una de las mejores vías para tomar el pulso laboral a las organizaciones. Mientras tanto, en España proliferan distintos listados que se ocupan de sacar a la luz aquellas compañías que cumplen con los requisitos mínimos para ser consideradas las mejores para trabajar o empleadores top. Entre los ránkings más populares se encuentran Best Place to Work y Merco Talento, y entre las certificaciones destaca Top Employers, que cuenta con una tradición de 25 años, y Aon Hewitt, cuya metodología también está basada en 20 años de experiencia. Alfonso Jiménez, socio director de PeopleMatters, señala que “todo ello tiene que estar en la estrategia de posicionamiento de employer branding“. Susana Gómez, socia de Smart Culture, afirma que “existe un movimiento orientado a dotar de mayor transparencia al mercado laboral, y en este sentido los ránkings, certificaciones y reconocimientos recibidos por parte de las empresas son exclusivamente un dato más a considerar a la hora de evaluar una compañía como potencial empleador”. Un dato más, porque pocas veces se da una sintonía entre las firmas que aparecen en uno u otro listado, por eso la suspicacia crece entre los candidatos inexpertos, que los toman como referencia para escoger su próximo empleo.

El rastreo

Montse Ventosa, socia directora de Grow, reconoce que “son un método de eficiencia limitada. Por ejemplo, entre las nuevas generaciones, la penetración parece ser menor que webs del estilo Glassdoor, en EEUU, donde los empleados comparten su experiencia real, incluso con ciertos jefes. En España, más allá de las redes sociales y el preguntar a conocidos existe una web trabajo basura, de tinte más bien negativo, en la que los empleados comparten su experiencia”. Para Ángel Aledo, consultor de 1+1=3 Recursos Humanos, “el punto débil es que la aplicación de estas políticas la hacen los mandos intermedios que, casi nunca, están lo suficientemente formados en cómo tratar a los empleados. Es decir, un profesional puede ser infeliz en una firma Top Employer porque su jefe no actúa correctamente”.

María García, socia directora de Smart Culture, añade que en función de cómo somos, de nuestros valores, elegimos trabajar en compañías con culturas en las que encajamos y con las que conectamos de manera natural: “Todos tenemos una empresa preferida que recordamos por lo fácil que fue la integración, intelectual y emocional. Las compañías que generan ecosistemas que facilitan el intraemprendimiento, la cocreación y la autogestión son las más atractivas para trabajar”.

Los profesionales son los mejores embajadores de marca, algo que reconocen los mismos empleadores. Sodexo cuenta desde 2014 con el certificado de Aon Hewitt de Mejor Empleador. Según François Gaffinel, director general de Sodexo BI, “es la manifestación de nuestra implicación real en el desarrollo y bienestar de las personas”. Sin embargo, reconoce que para tener una visión real de las mejores empresas para trabajar, “hay que investigar la organización en todo lo que dice. Ahora es muy sencillo contactar con empleados de cualquier compañía a través de redes sociales y los foros, y preguntarles. La información corporativa más la opinión de varios profesionales ayuda a una lectura más adecuada”.

La certeza

No existe, por tanto, una marca de empleador que garantice qué es la mejor empresa para trabajar. Jiménez afirma que “tiene que ofrecer un proyecto atractivo para el profesional, debe tener una razón de ser que le enganche; la cultura y las personas tienen que cuadrar; y tiene que recompensar a los buenos profesionales”. Para Ventosa, debe cumplir lo que denominan ISO: “Inteligente, porque debe ser coherente, real, sencilla y no vender la moto; sostenible, es decir, ser auténtica y transmitida por cada uno de los poros por los que transpira la cultura; y orgánica, porque crece con los recursos que tiene sin grandes promesas ni inversiones”. Muchos de estos factores son calibrados en las encuestas. Por ejemplo, las certificadas Top Employersdeben conseguir un 60% sobre la puntuación máxima en una encuesta en la que se evalúan y auditan 585 prácticas de recursos humanos, en nueve áreas distintas.

Jesús Vega, consultor de recursos humanos, es muy crítico con las certificaciones y los ránking: “A veces para las empresas es muy difícil tener métricas claras para valorar bien la performance de la función, por eso, cuando hay escasez de ellas dentro de la organización, algunas firmas se sirven de esos estándares para sacar pecho en un mundo en el que es complicado”. Vega cree que resulta más efectivo preguntar al empleado “si conoce el proyecto de la compañía y está involucrado, si se le permite participar en las decisiones corporativas y no sólo en su puesto; y, por último, si considera que está bien pagado”. En definitiva se trata de temas de comunicación interna que, si funcionan, son percibidos por los profesionales. La cultura es la suma de las experiencias de los empleados y, según Ventosa, “es el grado de conexión emocional y racional lo que determina las actuaciones, las acciones y los comportamientos y la transpiración cultural. Cuando es positivo hace que las personas sean auténticos embajadores de la marca allá donde vayan… o no”.

No obstante, Gómez señala que “una empresa que invierte en acciones de posicionamiento como empleador de referencia es una compañía que se preocupa de su reputación y que, en la mayoría de los casos, tiene la intención de convertirse en un lugar de trabajo atractivo”. Y, entre los factores que debería cumplir un buen empleador y que no aparecen en estos ránkings García identifica: “El empowerment y confianza de los directivos en sus colaboradores, la percepción sobre la visión compartida y la cohesión de los comités de dirección, la comunicación 360º, la cooperación y la transversalidad entre las diferentes áreas y la alineación entre las pasiones y fortalezas de los empleados y las necesidades de la organización”.

martes, 3 de mayo de 2016

Los trucos de Laszlo Bock para trabajar mejor....

 

Google es una de las compañías donde la forma de trabajar (y la de tratar a sus empleados) es bastante diferente a la de muchas empresas. Uno de los responsables de esta estrategia es Laszlo Bock, jefe mundial de recursos humanos de Google, quien suele compartir consejos muy útiles sobre cómo mejorar profesionalmente. Esta vez ha hablado de su propia experiencia.

En una entrevista a Bock (en la imagen debajo) sobre sus propios hábitos de trabajo y ha dejado algunos consejos interesantes que merece la pena poner en práctica. Desde herramientas de software que ayudan a mejorar tu productividad a trucos para ahorrar tiempo en el día a día en el trabajo. Ahí van los mejores, explicados por el propio Bock: 

Los trucos del jefe de recursos humanos de Google para trabajar mejor 

 Cómo ahorrar tiempo en el día a día en el trabajo
“Mantengo mi bandeja de entrada del email vacía y trato de responder a cada mensaje antes de 24 horas. O resuelvo los emails o los envío a una de estas tres carpetas: volver a leer el Jueves, leer mensualmente, o leer trimestralmente. Así no me tengo que preocupar de hacer una lista de cosas pendientes y nada se me escapa ya que o lo dejo resuelto o está en un archivo que leo de forma habitual”.

Cómo gestionar bien a las personas

“La clave es contratar gente impresionante, darles más libertad de la que tú crees que es óptima, guiarlos de forma concreta y en tiempo real, y perdonar los fracasos siempre y cuando la gente aprenda”.

El mejor consejo laboral que ha recibido (y daría)

“Aspira siempre a hacer algo por encima y más allá [de las expectativas], porque entonces ellos no tienen más remedio que recompensarte”. La parte brillante del consejo es lo de “ellos”. Reconoce el poder de la dinámica entre el jefe y el empleado. Y reconoce que la única cosa sobre la que tienes control y poder absoluto de forma unilateral es cuán duro trabajas y la calidad de tu trabajo. Puedes tener buena o mala suerte, tu jefe te puede odiar o amar, pero lo único que controlas de forma exclusiva es la calidad y volumen de tu trabajo”.

viernes, 29 de abril de 2016

CÓMO ADAPTARSE HOY AL TRABAJO DE LA PRÓXIMA DÉCADA



 

‘Ir a trabajar’ sonará extraño en 2025. Para entonces los profesionales serán los dueños de su conocimiento y las empresas tendrán que competir por atraer a los mejores
Puestos bajo demanda, trabajar sin ir al trabajo, colaboración entre humanos e inteligencia artificial en una nueva relación laboral; una flexibilidad nunca vista que implica consecuencias profesionales y personales a las que tendremos que adaptarnos; trabajo por proyectos y fórmulas de empleo independientes; nuevas profesiones que ni imaginamos y otras que hoy tienen éxito y ofrecen empleo y que pronto quedarán obsoletas; convivencia definitiva de varias generaciones en las empresas; nuevas fórmulas de reclutamiento; cambios demográficos… Son algunos de los factores determinantes que EY señala en su análisis Tax for business leaders publicado recientemente en Financial Times, y que hablan de cómo trabajaremos en 2025.
Conociendo cómo será el trabajo en la próxima década cabe preguntarse si hoy es posible adaptarse a lo que vendrá en el futuro:

TRABAJAR SIN IR A LA OFICINA

¿Será posible que cada vez más profesionales dejen de estar en la sede de la compañía en la que trabajan para desarrollar su actividad diaria? Este “trabajar sin ir al trabajo” tiene mucho que ver con una nueva relación laboral que se orienta básicamente a prestar servicios antes que al contrato tradicional por horas. Con esta nueva relación laboral desaparece la ubicación física en la empresa, el cargo, y la necesidad de que haya un jefe o sea necesaria la supervisión.
Un reciente encuentro de la London Business School’s Global Leadership Summit, concluía que en 2020, el 50% de los profesionales no irá a la oficina para desarrollar su trabajo.
Eso implica, entre otras cosas, acostumbrarse a trabajar para varios jefes, y relacionarse con ellos de una forma muy diferente; y también unos modelos de reconocimiento y de carrera profesional que nada tienen que ver con los de hoy. Por supuesto, habrá otras maneras de valorar nuestro rendimiento y eficacia; y las normas por las que se regirá nuestra práctica profesional serán también distintas y afectarán a nuestra carrera.
El compromiso con la organización será asimismo difícil de gestionar, ya que la dedicación plena no existirá, y así la difuminación de fronteras implicará algunas consecuencias jurídicas, ya que habrá que contar con nuevos modelos e indicadores para medir el rendimiento y la productividad.
La tendencia de trabajar sin ir al trabajo será posible, pero con algunos matices: sólo podrá darse en determinados sectores y funciones, y habrá que tener en cuenta que ni todos los empleados son susceptibles de realizar esta clase de trabajo en esas condiciones, ni tampoco de hacerlo todo el tiempo. Y tampoco puede implementarse como una política de café para todos. Ha de ser el resultado de una cultura de trabajo por proyectos, en estructuras menos jerárquicas y más matriciales.

UNA NUEVA FLEXIBILIDAD

Parece evidente que una línea mucho más difusa entre la vida profesional y personal tiene que ver con el cambio que se produce en ciertas reglas laborales o de relación entre empleado y empleador. Antes el trabajo era un lugar al que se iba a realizar una determinada tarea durante un tiempo, pero la economía de servicios lo convierte en un estado, en una actividad o una acción.
No es una novedad que el trabajo como hoy lo conocemos tiende a desaparecer, y esto supone rediseñar el concepto de empleado, que es un profesional con mayor autonomía para el que resulta indiferente dónde se esté físicamente.
Las relaciones laborales estarán más orientadas a la prestación de servicios que al contrato tradicional por horas, y los presupuestos tradicionales sobre la conciliación de la vida laboral y la personal estarán obsoletos. Así, tenderemos a hablar de integración más que de conciliación, porque la disponibilidad de 24 horas y la injerencia de las compañías en nuestra esfera privada será algo cotidiano. Atender a esta exigencia será (ya lo es) una decisión personal que tendremos que gestionar adecuadamente.

QUIÉN GESTIONA EL CAMBIO

Los cambios radicales en el mercado laboral, que pasan por la forma en la que se trabaja, por los modelos de búsqueda de empleo, o por las capacidades inéditas que exigen las compañías, provocan una gran incertidumbre entre quienes buscan trabajo o pretenden reinventar su carrera profesional. Pero además plantean la duda acerca de quién mandará en el mercado de la selección del futuro y quién estará al frente de la gestión de personas en este escenario laboral de la próxima década.
Llegan nuevos agentes al mercado del reclutamiento, surgen las recomendaciones de particulares; las ofertas invisibles (los contactos personales, mucho más que el currículo, influyen en la posibilidad de encontrar o cambiar de empleo)… La cuestión es quién va a estar al frente de las recomendaciones, de la selección y adecuación de los nuevos perfiles profesionales que se exijan.
Las compañías serán cada vez más autosuficientes en términos de selección, y los agentes que se muevan en este mercado tendrán que ofrecer soluciones en las que entrarán en juego nuevos factores. Será necesario conocer cómo funciona el mundo 2.0 en todo lo que se refiere a la identificación, evaluación y desarrollo de los candidatos.
Para empezar, los departamentos de recursos humanos estarán cada vez más cercanos al negocio, actuando como business partners. La transformación digital de las compañías implica retos definitivos para el área de recursos humanos: liderar este cambio, las redes sociales corporativas, la relación con los candidatos, el digital employer branding, la búsqueda de perfiles digitales, o los programas de referrals. Además, tendrá que entender y gestionar la movilidad de los profesionales; deberá alinear la comunicación cuando el equipo está repartido por el mundo, con diferentes formas de colaboración, aportando su talento único al grupo. Y en ese escenario cambiante e incierto será necesario gestionar la transformación dentro de la propia organización.

ADIÓS CONTRATOS…

En el futuro, los trabajadores serán los dueños de su conocimiento y cada vez serán más los que trabajen por su cuenta. Alexis de Bretteville, CEO de Hudson Europa y con una experiencia de más dos décadas en gestión de personas, anticipa que en una década el 50% de las personas trabajará sin contrato laboral. Junto son los autónomos y los freelance convivirán otras especies como los knowmads -nómadas del conocimiento, su razón de ser- y los e-nomads -sin un territorio fijo para trabajar hiperconectados-. A ellos se unen los denominados golden workers, un colectivo más que numeroso al que cada año se suman los primeros Baby Boomers, profesionales que han superado la edad de la jubilación pero que desean seguir trabajando.
Todos ellos son reclamados por las organizaciones -sobre todo estos últimos por su experiencia y una mayor disponibilidad-, que tienen la obligación de establecer una relación laboral que garantice el compromiso de estos profesionales. Las start up ya están acostumbradas a trabajar con estos perfiles. Casi siempre con la intención de evitar gastos fijos, optaron por contratarlos por proyecto.
Estos profesionales también se decantan por una relación más flexible que les permite cierta libertad para diversificar sus clientes y, de esta manera, nutrirse de la experiencia de trabajar para varios proyectos marcados por la innovación tecnológica. Las grandes organizaciones se plantean ahora aprender de las start up. Las corporaciones carecen de la flexibilidad para adaptarse a estos perfiles movidos por la rapidez y la eficacia. Empresas como Google han tratado de solucionarlo creando equipos de trabajo más pequeños que permitan esos entornos que estos profesionales demandan.

OTRA RETRIBUCIÓN

¿Cuánto cuesta la creatividad? ¿Y la independencia? Cómo se paga a este colectivo independiente es la gran incógnita. ¿Están preparadas las organizaciones para pagar más a quien realmente más aporta? La retribución tiene que adaptarse a este panorama en el que los contratos mercantiles serán la tónica dominante. Parece evidente que cuanto más único sea el conocimiento, más estarán dispuestas a pagar las empresas por el mismo, sobre todo si se trata de quitárselo a la competencia. Germán Nicolás, director general para el sur de Europa de Korn Ferry / Hay Group, explica que ya se están adoptando algunas prácticas para fidelizar a los independientes: “En determinados trabajos autónomos no sólo se paga por el trabajo realizado, sino que además existe un premio vinculado al trabajo que se consigue”. Recompensar a aquellos que más aportan, al margen de la relación laboral que establezcan la empresa, es un desafío que, hoy aún tiene un largo recorrido.
Otra de las propuestas para atraer a este talento específico, y que cada vez más a menudo hay que localizar fuera de la compañía, es diseñar un modelo que permita beneficiarse de las políticas de bienestar que las organizaciones tienen para su personal en plantilla. Por ejemplo, durante el tiempo que desarrollen determinado proyecto, ofrecerle un plan de incentivos. El gran dilema es cómo conjugar a estos trabajadores muy cualificados con los que están en plantilla que, a diferencia de los primeros, disfrutan de los derechos laborales que otorga un contrato.

¿PROFESIONES SOSTENIBLES?

Quizá los trabajos con éxito -la mayoría de ellos hoy no existen- no sean sostenibles en el tiempo. Es posible que muchos no logren perdurar y dejen empantanados a miles de profesionales en lo que hoy se denominan nuevos perfiles. Hay quien se siente seguro tras las denominaciones novedosas de los customer success, brand evangelist, scrum master, o growth hacker, pero estos puestos que surgen para satisfacer las demandas del mercado de trabajo y de las empresas tal vez no sean la solución definitiva a la búsqueda de trabajo.
Es posible que nos encontremos ante una burbuja de profesiones, y que en el futuro también sea muy difícil aconsejar a alguien que tome el camino de esas nuevas ocupaciones.
Hoy no resulta fácil distinguir entre lo que es y será una nueva profesión y lo que tan sólo es una función o una tarea temporal a la que obliga la tecnología que está vigente en un momento determinado. Una profesión no es algo que necesariamente se estudia, sino que es una especialidad reconocida por la que el mercado te busca y está dispuesto a contratar tus servicios.